La respuesta al estrés

Nuestros antepasados vivían en cabañas en la naturaleza y se pasaban el día en busca de comida. El estrés diario era causado por amenazas físicas reales, como, una comunidad vecina que intentaba robar sus suministros, o un animal salvaje que buscaba su cena. En tiempos de peligro, nuestros cuerpos aprendieron a emitir una respuesta de estrés, un mecanismo biológico que podría unir los principales sistemas del cuerpo para protegernos. 

La respuesta al estrés hace una variedad de cosas, incluida la liberación de energía, el aumento de la fuerza muscular, la mejora de la agudeza mental e incluso la resistencia al dolor. Es una de las principales razones por las que los humanos han podido vivir bajo el sol durante mucho tiempo. 

La respuesta al estrés de nuestro cuerpo se divide principalmente en dos procesos: el eje de la vía simpático-medular y el eje hipotalámico-pituitario-suprarrenal. La primera es la respuesta de luchar o huir emitida por el hipotálamo, el centro de control de nuestro cerebro. Esta reacción activa el sistema nervioso simpático y provoca la liberación de la hormona adrenalina. 

Primero, debemos tener en cuenta lo que le pasa a nuestro cuerpo cuando se libera adrenalina. Aumenta el ritmo cardíaco, mejora la circulación en el cerebro y las extremidades, libera energía en el torrente sanguíneo y activa el sistema inmune para protegernos de las infecciones. Potencia nuestro sentido del olfato y mejora nuestra visión. 

La segunda respuesta al estrés ocurre cuando el aumento de adrenalina hace que nuestras glándulas suprarrenales produzcan cortisol. Al contrarrestar el efecto de la adrenalina, esta hormona ayuda a regular la función del sistema inmune. Sin cortisol, nuestro sistema inmune se volvería hiperactivo y  dañaría el cuerpo. 

En este punto, podemos estar pensando que la respuesta al estrés es fantástica. ¿Quién no querría inmunidad y sentidos sobrehumanos? El problema es que, aunque activar la respuesta al estrés puede ser beneficioso a corto plazo, puede ser perjudicial para nuestra salud a largo plazo. Esto se debe al hecho de que el cortisol y la adrenalina, que se liberan en el torrente sanguíneo cuando nuestro cuerpo detecta una amenaza, pueden ser tóxicos para el cuerpo en grandes cantidades. 

El cortisol crónicamente elevado, por ejemplo, puede causar problemas digestivos, aumento de peso y pérdida de memoria. La adrenalina, eleva la presión arterial y aumenta nuestras posibilidades de sufrir un ataque al corazón o un derrame cerebral. Pero eso no es todo.

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